6 de Agosto del 2019

SOBRE LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO POR VIOLACIÓN

Un principio ético esencial es el respeto a la vida humana, desde la concepción hasta la muerte. Y por ello nunca estaré de acuerdo con la legalización del aborto ni con la pena de muerte.

Nada puede servir de excusa para quitarle la vida a un ser humano, no importa que tan temprana sea su etapa de desarrollo, cómo vino al mundo, o quienes sean sus padres.

Y no es cuestión de libertad, como señalan algunos. Porque somos libres para decidir qué hacer con nuestras vidas, sin duda. Pero no para decidir sobre la vida de otra persona, sea que esta se encuentre dentro del vientre materno, o fuera de él.

El respeto a la vida humana no depende de nuestras creencias religiosas, porque es un principio básico de una convivencia civilizada. Ello no supone dilema alguno con el carácter laico del Estado ecuatoriano. Por el contrario, es una consecuencia lógica de nuestro pacto constitucional, el cual establece que nuestra vida es inviolable, sin importar en qué creemos o en qué no.

Ahora, en caso de un embarazo por violación, debemos empeñarnos en salvar las dos vidas, con asistencia profesional a la madre y hasta abrir el camino de la adopción para ese embarazo no deseado. Así mismo, debemos endurecer las penas para los violadores, entre otras medidas de prevención.

Me preocupa que esta excepción sea sólo la excusa para abrir las puertas al aborto, más que una auténtica solución para un problema tan delicado y grave de las mujeres y familias ecuatorianas.

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